Crear, ya sea a través de las letras que emborronan un folio, los dibujos que llenan el bloc o las notas musicales sobre el pentagrama, requiere el genio capaz de traer a la luz lo que antes no existía, pero también necesita una importante parte de ciencia, planificación y tenacidad. En muy raras ocasiones, las cosas salen al primer intento y lo más habitual es encontrarse con la mesa ahogada en carpetas y la papelera rebosante de papeles.

El objetivo de la labor creativa es, al igual que en cualquier otra actividad, destacar en tu entorno, romper con los límites establecidos, dar salida a las ideas y marcar un nuevo camino. Existen personas que manifiestan un potencial creativo natural y a las que manejar estas corrientes, les resulta más sencillo. Sin embargo, el pensamiento creativo no se reduce a una chispa espontánea que de repente nos muestra la luz al final del túnel, sino el trabajo constante que nos permite acercarnos más y más a la solución adecuada. Siempre hay lugar para el fogonazo iluminador que nos revela otro posible camino a seguir, pero este toque de la musa necesita tener los cinco sentidos activos para desencadenarse.

 

Locura creativa

Las personas realmente creativas son pocas y funcionan de manera intuitiva. En el entorno académico y laboral, la creatividad ha gozado siempre de mala fama ya que se consideraba excesivamente atrevida, incontrolada e indisciplinada. Sin embargo, ahora sabemos que si la creatividad se enfoca correctamente y se planifica, puede convertirse en la fuerza motora del éxito de cualquier proyecto.

La fuerza de la creatividad es tal que no entiende de normas, reglas o tradiciones. La creatividad lo pone todo “patas arriba”, desafía lo imposible y elige siempre lo más absurdo, ignorando lo establecido, y es precisamente esta “locura” la que permite a la persona sobrepasar los escollos que otros creen insalvables. El primer paso del pensamiento creativo es romper con todos los esquemas e ideas utilizadas hasta entonces. Este jugar con la realidad cotidiana, la fantasía, la historia o la ficción, tiene como meta mostrar lo visible y, lo que es más importante, lo invisible de cualquier proyecto para hacerlo más deseable, seducir a otros y llevarlo a cabo.

La creatividad permite al joven enfrentar de forma más proactiva los retos presentes y futuros, con más posibilidades de conseguir el éxito. No se trata de conocer todas las respuestas, sino de prepararse para aprovechar todas las oportunidades e intentar señalar el mejor camino.No apagues la luz

Para que la semilla de la creatividad germine y dé sus frutos ha de existir un entorno propicio para su crecimiento y desarrollo. Si el ambiente que nos rodea es demasiado rígido, se mira con malos ojos la iniciativa y no se permiten los errores, al final el estímulo, el esfuerzo y la innovación desaparecen. Para sobresalir y trazar una ruta hacia el futuro, se necesita un entorno “revolucionario” y gente capaz de aprender de sus errores y pensar libremente.

El proceso de la creatividad es como una rueda que gira siguiendo las mismas fases: la idea, la planificación, la producción, el lanzamiento, el feedback… y vuelta a empezar. La persona creativa, estos niños y jóvenes, huyen de la comodidad de “lo que funciona bien” para plantearse si no podría mejorarse. Buscan defectos para proponer mejoras, siguen su instinto, confían en sí mismos y en sus percepciones y no dan fácilmente su brazo a torcer cuando creen sinceramente en algo. Su instinto es para ellos tan importante como la mejor de las razones y al final siempre se ha de seguir una norma esencial: cuando todo lo demás falla vuelve a lo más elemental, haz lo que a tí te gustaría.

En realidad, todos podemos ser creativos. Hay personas dotadas con una “locura” especial, pero el secreto se halla en la aplicación de una serie de pautas, el trabajo constante por aplicarlas y perder el miedo a equivocarse. Al enfrentarnos a un problema, el mejor plan de acción es trazar un esquema de nuestra situación actual y visualizar el punto al que queremos llegar. Para ello, hay que dividir el problema global en otros más pequeños, crearnos y creernos metas alcanzables y motivadoras que nos impulsen a seguir avanzando. Que la bombilla se ilumine no depende tanto de la fuerza con la que tiramos o presionamos el interruptor, como de facilitar el paso de la corriente. El proceso creativo sigue una serie de pasos:

  •  Preparación: cuando vamos a iniciar una carrera, conseguiremos mejores resultados si nos liberamos de todo lo que pueda estorbar nuestro movimiento. Nadie dice que no podamos correr con botas de montaña, un abrigo hasta el tobillo y una maleta en las manos, pero no seremos tan efectivos ni rápidos.
  • Gestación: en esta etapa no existe el tiempo. Es muy importante aislarse de las “angustias” del problema e interiorizar el objetivo. Es el momento de dar paso al absurdo, al pensamiento divergente, a la mezcla de los mundos… a veces una idea surge de un ámbito que nada tiene que ver con lo que estamos “resolviendo”. Sé flexible. Es el momento de soñar con la meta.
  • Iluminación: has liberado toda la fuerza de tu creatividad consiguiendo una explosión de energía que te lleva a pocos metros de tu objetivo. Es el momento en el que una idea prevalece sobre todas las demás, se ilumina con mayor fuerza y te pide ser madurada.
  • Construcción o realización: esta es la fase más fría y complicada de todas. Una vez que hemos llegado a este punto tenemos que “materializar” el sueño, dotarle de cuerpo y movimiento y con ello, privarle del halo de perfección de nuestro pensamiento para conseguir que sea útil y efectivo.

 

¿Por qué ser creativos?

Queremos que nuestros niños, nuestros jóvenes sean creativos, pero ¿porqué este empeño? La creatividad tiene un sentido eminentemente práctico, que va más allá de intentar hacer burbujas cuadradas. Incentivar la creatividad en las nuevas generaciones se traduce en beneficios tangibles como el encontrar mejores soluciones a los problemas, en mayor capacidad para superar los retos, en aprovechar el cambio como oportunidad y en una mejor gestión del tiempo.

El joven creativo se manifiesta con más facilidad como emprendedor, capaz de establecer redes efectivas de relaciones y aceptar sin conflictos la relación entre razón y sentimiento. Cuando aprendemos y nos desarrollamos, el pensamiento creativo funciona como un tamiz, un prisma que nos ayuda a descubrir los diferentes matices de todo lo que nos rodea, nos permite ser recordado como alguien distinto y provee al joven de mayor confianza en sí mismo.

Todo el mundo puede experimentar la “locura creativa”, aunque no todo el mundo es capaz de ponerle freno. ¿Quieres trabajar creativamente? Imponte un objetivo.

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