Compitiendo final


Vivimos en sociedad, somos tecnológicamente dependientes y nuestra capacidad de innovación en elementos que facilitan nuestra vida, parece inagotable. Sin embargo, esta evolución también viene acompañada del riesgo de que la persona se aísle del resto, se considere excesivamente autosuficiente y se debilite su capacidad de colaboración. Al mismo tiempo, esto invita a focalizar aún más el sentimiento de competitividad y la rivalidad entre los jóvenes.

 Es esencial que en la formación actual se refuerce la idea de que el trabajo en equipo es una de las características más importantes para nutrir la sociedad y alcanzar metas, que no podrían lograrse de manera individual. Esta dualidad entre la cultura de la competitividad, la imagen de ganadores y perdedores, el éxito sobre los demás y al mismo tiempo, la necesidad de los otros para conseguirlo termina por confundir las prioridades y los objetivos de los jóvenes en formación. La colaboración con los demás termina convirtiéndose en una “utilización” de otras personas para nuestros objetivos.

 Necesitamos comprender y enseñar que el trabajo en equipo, el establecimiento de estructuras de colaboración no niega ni anula la trayectoria al éxito tanto personal como del grupo. El trabajo en equipo también requiere de una cierta competencia entre sus miembros o con otros grupos, la rivalidad para la mejora es compatible con un trabajo en equipo efectivo. Se trata, no de anteponer nuestros objetivos y metas a los de otros sino de integrarlos y hacerlos compatibles entre sí.

 

Unión efectiva

No cabe duda de que el hombre, como individuo, es capaz de realizar grandes proezas, de protagonizar hechos insólitos e inspiradores, y convertirse en un referente para otros. La rivalidad puede suponer un importante acicate para el progreso, pero ha de serlo dentro de un contexto en el cual prime la cooperación y el trabajo conjunto del grupo. Un individuo puede marcar el camino, pero es el grupo social el que lo explora y permite el desarrollo. Crecemos en un mundo en el que se prima la competencia y la rivalidad, olvidando que nuestra naturaleza es, por instinto, cooperativa y que la rivalidad social es un elemento aprendido e impuesto.

Entre los estudiantes se consiguen mejores resultados dentro de un ambiente que fomenta la cooperación y el esfuerzo conjunto, que en aquellos que refuerzan la competencia. En el equipo todos ponen lo mejor de sí mismos, luchan por un fin común, se sacrifican por los demás y ofrecen apoyo al otro. De esta forma, la meta se alcanza de manera más rápida, se obtiene mayor productividad y se puede aspirar a mayores objetivos.

 

Comunicarse ayuda al éxito del equipo

Comprender la dinámica de las relaciones entre personas y mantener siempre abierto un canal efectivo de comunicación, permite mejorar la motivación y tomar las decisiones adecuadas. La comunicación abierta y sincera entre todos miembros de un equipo, elimina las barreras, recupera la motivación, ayuda a la involucración y fomenta la creatividad. El resultado es una inteligencia consensuada y acumulativa que facilita el flujo de ideas y el aprovechamiento de las oportunidades.

Una comunicación emocionalmente clara obtiene una serie de beneficios básicos para el desarrollo del equipo:

  •  Alineación de objetivos: Cuando los objetivos coinciden, se consigue una respuesta más rápida ante los retos y se es más productivo.
  • Coordinación de iniciativas: los miembros de un equipo cometen menos errores al someter sus planes a la supervisión de los demás.
  •  Comunicación clara: a través de una comunicación clara y efectiva es más fácil comprender su propia realidad.
  • Visión compartida: todos los miembros del equipo participan del objetivo principal y comparten su esfuerzo.
  • Aceptación de errores creativos: cuando se hacen experimentos y se prueban cosas nuevas, es inevitable la aparición de errores.
  • Voluntad y Coraje: cuando se toma una decisión en la que todos participan sólo hace falta una buena dosis de coraje y mucha voluntad para no rendirse ante las dificultades.

Comunicarse significa establecer un punto de encuentro, un ámbito de entrega y confianza en el que los jóvenes que forman un equipo aprenden a complementarse. Cada uno de ellos ha de vencer el plano del individualismo, de la conexión a distancia, del amparo de la tecnología y la comodidad del anonimato. Comunicarse es correr el riesgo de equivocarse o no ser comprendido, como acicate para explicarse mejor, exponerse ante el otro, asumir las propias emociones y aceptar las del otro.

La cooperación entre distintas habilidades y percepciones, la distribución adecuada de responsabilidades y la comunicación efectiva, aumentan las posibilidades de conseguir el objetivo deseado. Si el equipo quiere convertir todo su potencial en realidad, es esencial que comience a desarrollar un verdadero proceso de cambio que no acabe nunca.

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