Emociones


Inmersos en el nuevo curso, ya casi olvidado el verano, los estudiantes siguen aferrándose cada fin de semana a su perdida libertad de horarios y responsabilidades. Los días se acumulan con nuevas asignaturas, conceptos de trabajo, profesores y compañeros, las dinámicas y obligaciones pierden la novedad y avanzan las rutinas de sueño y trabajo. A diario nos encontramos con un fuerte contraste entre emociones contrapuestas en aquellos que nos rodean y en nosotros mismos. Las tensiones y exigencias que marcan los nuevos retos académicos se unen a los, necesarios, roces entre las personas y nuestra propia “conciencia emocional”. Esto constituye un poderoso combinado que, de no ser bien gestionado, puede llevarnos a numerosos conflictos y ansiedades.

Sin un control apropiado de las emociones, el cerebro tiende a sufrir una descarga emocional repentina que “descoloca” las emociones y da lugar a un comportamiento erróneo. Estas “explosiones” y los comportamientos a los que dan salida, varían en intensidad y duración dependiendo del grado de autocontrol de cada persona. Normalmente las descargas emocionales se manifiestan como: alegría intensa, ataques de ira, ataques de risa, llanto sin fundamento, actos de violencia y raptos pasionales. La descarga emocional impide el autocontrol, la empatía con los demás, la utilización efectiva de nuestro potencial personal y, además, afecta al rendimiento. Perder el control de los acontecimientos, no compensa.

 

Asignatura pendiente

En el sistema educativo, hasta el momento, se potencia el desarrollo de las capacidades cognitivas y de acumulación de conocimientos técnicos, sin tener en cuenta que un alto Coeficiente Intelectual no es suficiente para conseguir el éxito profesional y mucho menos la felicidad. Nuestra sociedad prima los resultados a costa de las emociones, pero lo cierto es que las emociones determinan un porcentaje muy alto de las decisiones que se toman en cualquier ámbito. Razón y emoción no son elementos opuestos, sino complementarios que se suman para alcanzar una mayor efectividad. En la mayor parte de las ocasiones la razón y las emociones se coordinan perfectamente, pero si una domina sobre la otra el equilibrio se rompe. Si es la razón la que predomina, la persona se vuelve insensible. En el caso de que sean las emociones las que manden, la mente racional se nubla.

El programa académico tiene aún una asignatura pendiente en la formación de los jóvenes, que pasa por enseñar a conocer las propias emociones, a sintonizar con las de los demás e interactuar con su entorno para reforzar aspectos como la autoconciencia, la motivación, la capacidad de esfuerzo, la empatía, la creatividad o el control de los impulsos.

En determinadas épocas y edades, este elemento de autocontrol se vuelve esencial para conseguir un progreso equilibrado y una convivencia positiva. La construcción de una personalidad sólida en niño – joven, pasa por el aprendizaje de habilidades que le permitan el autoconocimiento, la aceptación de la frustración, la reflexión emocional y la comunicación abierta. Cuando ejercemosun control adecuado de las emociones podemos diferenciar mejor los caminos y posibilidades que se nos ofrecen y tenemos más libertad en las decisiones y, por tanto, mayores posibilidades de alcanzar el éxito.

Cuando se forma de manera eficaz en habilidades de competencia emocional, es más fácil que el joven muestre:

  • Más Iniciativa, motivación de logro y adaptabilidad.
  • Mayor Influencia, capacidad para liderar equipos y conciencia de su papel.
  • Más Empatía, confianza en uno mismo y capacidad de alentar el desarrollo de los demás.
  • Aumento de la confianza en uno mismo: el coraje que deriva de nuestras capacidades, valores y objetivos.

 

Sobresaliente en emociones

Los sentimientos proporcionan un sentido, comprometen el talento, energía y habilidad de la persona en un objetivo en el que desea emplear su máximo esfuerzo y para el que se siente preparado. No es suficiente con que se “instruya” al niño o el joven en la necesidad de alcanzar una mayor Inteligencia Emocional, aprender y familiarizarse con las habilidades emocionales requiere la experiencia propia. El cambio ha de realizarse desde la edad temprana y trasladarse a la propia sociedad.

El desarrollo del “Coeficiente Emocional” necesita potenciar dos dimensiones esenciales de la persona:

  • El potencial emocional: es la capacidad que tenemos de aprender nuevas habilidades para el desarrollo de nuestro yo personal, la conciencia emocional, la empatía, el deseo de mejora y la relación con otros.
  • La competencia social: que nos permite poner en práctica las habilidades emocionales en la sociedad, creando un elemento de partida para mejorar la relación con otros.

El primer paso para utilizar efectivamente nuestro potencial emocional y preparar a los jóvenes para la siguiente etapa de su desarrollo, es ayudarles a ser conscientes de sí mismos, de sus sentimientos, sus fortalezas y sus áreas de mejora. El joven tiene que entender que el proceso de crecimiento implica también un nudo de fuerte presión emocional: frustración, ira, soledad, alegría o deseo, entre otras. Las emociones son una parte esencial de nuestro crecimiento, de las relaciones con otros y de la forma en la que nos vemos. Sin embargo, su desconocimiento, negación o falta de control es lo que puede llevar al joven o al adulto, a desaprovechar las oportunidades o verse “marginado” de su entorno.

Así, una vez que somos conscientes de nuestra carga emocional, el siguiente paso es controlar las emociones, analizar nuestro propio estado de ánimo y los pensamientos que con él se asocian. Este equilibrio significa reconocer las emociones cuando aparecen y aceptarlas, pero con el fin de dirigirlas de la manera más útil para conseguir nuestras metas. Las personas que observan y comprenden sus emociones ya han dado el primer paso para controlarlas.El autocontrol emocional implica que tenemos la posibilidad de elegir cómo expresar nuestros sentimientos de la forma más productiva. Conocer las propias emociones y aprender a empatizar con los demás crea sentimiento de equipo y deseo de alcanzar las metas conjuntamente.

 

Aprovechar las emociones

En la vida personal o profesional una misma situación puede ser vivida por una persona como una amenaza inminente, mientras que otra lo ve como un estimulante reto. Cuando disponemos de los recursos emocionales suficientes, lo que anteriormente nos parecía amenazador se convierte en un reto que afrontar con energía y entusiasmo. La confianza, la seguridad en uno mismo nos permite ajustar nuestras respuestas en caso de que la realidad así lo exija. Cuando estamos en sociedad y queremos proyectarnos en los estudios o el trabajo, hemos de tener en cuenta que los sentimientos positivos se difunden más fácilmente que los negativos, son más saludables y alientan la cooperación, la equidad, la colaboración y el rendimiento.

La competencia emocional implica navegar en las corrientes emocionales que nos rodean sin verse arrastrado por ellas, siendo un elemento activo de la corriente social que ayude a promover el cambio, aprovechar todos los retos, obtener el máximo beneficio y conseguir, a la vez que mejora sus resultados, una mayor plenitud de vida.

 

 

2 respuestas a Emociones en curso
  1. No pienso que la buena orientación para la gestión de emociones sea el control. Porque la pregunta sería: ¿quién realiza ese control? Esto deja en poder de la razón, del sujeto identificado con la razón, el control y el poder de decisión y las emociones son o no permitidas en función de que a la razón le parezcan «oportunas» o no. Este punto de vista termina convirtiendo a las emociones en problemas que «explotan» tal como indicas en el artículo. El punto es que nuestra identidad está más configurada por nuestra sensibilidad, emociones, sentimientos y sensaciones que por nuestras opiniones. Las opiniones, las ideas que produce la razón tocan nuestro yo superficialmente. Nos es fácil cambiar una opinión, nos es muy complicado cambiar nuestra sensibilidad, nuestros sentimientos.
    Por eso Inteligencia Emocional no es «inteligencia» que controla «emociones» para que no produzcan «explosiones», sino bien al contrario, la inteligencia de saber seguir la sabiduría de nuestra sensibilidad, de nuestras emociones y sentimientos.
    Siento diferir contigo en el enfoque, pero estoy muy convencido que las emociones son guía para nosotros y que la razón debe buscar los medios para conseguir llegar a donde nuestras emociones y sentimientos nos llevan. Un saludo.


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